Energúmeno

Energúmeno, palabra definida por la Real Academia Española como “Persona poseída del demonio”.

Quizás no sea la palabra exacta para describirme cuando en la mayoría de los días de mi vida me levanto con el pie izquierdo.

Aunque por lo general estoy de buen humor así haya posado mis dos pies izquierdos del lado izquierdo de la cama en la mañana, de vez en cuando el Bruce Banner con el que todos me conocen deja paso al Hulk que llevo dentro. Si sumamos a esto la cara de perro que el señor me dió, las ganas de las personas de acercarse o hablarme quedan neutralizadas en la mayoría de los casos.

Pero no muerdo, no frecuentemente. Mi ser iracundo se manifiesta en situaciones en las que el mismísimo personaje de Marvel Comics se hubiera engrinchado y destruido a placer. Empujones, patadas, ofensas verbales y gestuales, golpes y miradas hirientes salen a la luz.

Pese a todo he sabido controlar estos episodios de ira hacia el mundo haciendo de mi una persona de paz, de respeto a todo y a la ley.

Hasta mi jefa me hizo referencia en una conversación a este Mr. Hide que llevo dentro, el cual, si bien no podrá desaparecer del todo, podrá quedar en estado de hibernación frecuente.

En cierta forma, las últimas apariciones de mi alter ego me han agradado hasta cierto punto, porque al estar en otro país utilizo palabras de las cuales no sabía su existencia o siendo alguien libre de vicios culturales locales les doy nuevos usos y abusos llegando a causar sorpresa en las víctimas. Con todo, no es causa de orgullo.

Algo que es de notar es que cuando Hulk se apodera de mi ser, por lo general la destrucción sólo ocurre a nivel de personas y su moral, no sobre objetos ni materiales, por lo que la única evidencia de la hecatombe pueden ser personas en shock, personas llorando, personas gruñendo y respondiendo a la barbarie, o quizás, alguna grabación en audio o video. En algunas ocasiones, los daños materiales pueden ser visibles, aunque esto depende del color con el que Hulk se presente, por lo general es el gris, quizás en dos o tres oportunidades en mi vida se ha presentado verde y ahí hasta yo quisiera correr.

Qué me calma? La voz dulce de una mujer objeto de un amor platónico, de un amor real o de un ser querido de verdad. No, una sopita Maruchan no.

Qué me vuelve más iracundo? La necedad de alguien queriéndome calmar, por lo general termina siendo también víctima de mis acciones. Alguien diciéndome: Estás bravo? Grrr, hasta escribirlo me eriza.

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