La tortilla no engorda!

Ese es el slogan que tiene una marca de tortillas y similares aquí en México. También dice: una tortilla tiene las mismas calorías que una zanahoria, coño, pero nojoda, vergación!, quien diablos se va a jartar 8 zanahorias? y claro, tan finitas las coños’e madre que uno termina jalándose el paquetico de 10 en una sentada.

A diferencia del slogan, o más bien, el complemento, los mexicanos dicen: “la tortilla no engorda, lo que engorda es el relleno!”. Ahí si estamos hablando el mismo idioma, porque carajo, pasaron una de dos cosas desde que llegué aquí hace dos años y dos meses: o en Venezuela pasé hambre que jode luego de pelar boloña un tiempo por haber participado como integrante de PDVSA en las manifestaciones contra el otro marico’e mierda o aquí en México me he sobrealimentado, porque ya llevo 17 kilos de diferencia a mi favor (bueno, en mi contra) desde que llegué, y eso es ahorita porque llegué en un momento a más de 20 kilos de diferencia. Mi peso al llegar era de 74 kilos.

Se que tengo la maña de que todo lo nuevo se prueba para ver si es sabroso o no, quizás he probado muchas cosas, hasta me reprochan todavía haber comido gusanos con guasacaca.

Menos mal que cuando hago ejercicios boto los kilos como patrón venezolano bota empleados en crisis económica. En un mes de medio ir al gimnasio rebajé 5 kilos, y otros 2 kilos mientras caminada y no me compraba la nave.

Como tengo un año exactamente sin hacer ejercicios (la ley es empezar en enero y dejarlo en febrero), la pereza que me da ir a correr sobre una máquina es inmensa. Pero ni modo.

Y no, no ando gordote, más bien en Venezuela estaba demasiado flacucho, me llevaba el viento. Yo pienso que llegando a los 80 kilos es una buena medida para mi altura y contextura.

Mientras estuve pensando en empezar a comer puras cosas de dieta, por ahí vi un restaurant que decía: “Cerdo frito de dieta”.

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